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Un pensamiento...
Cerramos los ojos para sumergirnos en un viaje por la costa atlántica del África más desconocida, paradójicamente nos encontraríamos con Dakar, ciudad cosmopolita y hospitalaria, conocida por ser el final de un Rally que nos trae una vez al año este nombre tan sonoro, que a la vez es la capital de Senegal. Pero Senegal es mucho más que Dakar. Senegal cuenta con parques naturales de gran riqueza ecológica, además de una rica artesanía, con sus famosos tapices y la música, famosa internacionalmente. Senegal es conocida como la tierra del TERANGA, definida así por una palabra wolof que significa una suma de hospitalidad, simpatía y cordialidad. Senegal es un país que cuenta con unos diez millones de habitantes, en una enmarañada mezcla de étnias donde sobresale la wolof como mayoritaria. La esperanza de vida apenas alcanza los cincuenta años, y seis de cada cien niños que nacen mueren antes de cumplir los cinco años, cincuenta hombres de cada cien no saben leer ni escribir, y lo mismo les ocurre a setenta de cada cien mujeres. En este panorama, la desgraciada inestabilidad política hace verse al país en un casi conflicto armado permanente. Al sur del país en la región de Casamance, las minas antipersonales han vestido de muerte y amputaciones a cientos de familias, víctimas de la barbarie más indiscriminada que el ser humano puede acometer. En los mercados de Casamance, si usted se molesta en comparar precios, puede adquirir una mina terrestre por apenas tres dólares estadounidenses. Para comprarla, usted probablemente tendrá que competir con miembros de bandas armadas o salteadores de caminos que colocan minas para cubrir sus pasos o amedrentar a los habitantes locales. Durante los últimos años, decenas y posiblemente centenas de personas han muerto en la provincia senegalesa de Casamance como consecuencia de la explosión de minas. Un número aún más elevado ha sufrido heridas. Muchas minas las ha colocado un grupo de oposición armado, el Movimiento de las Fuerzas Democráticas de la Casamance, pero el ejército también ha minado numerosas zonas. Una organización local de derechos humanos, la Conferencia Africana para la Defensa de los Derechos Humanos, ha informado de que en la Casamance bastante más de la mitad de las víctimas de minas terrestres son menores de 18 años. La organización también sostiene que unos 200 pueblos han desaparecido como resultado de la presencia de minas, dado que la gente ya no puede seguir cultivando su tierra ni tiene acceso a los arrozales. Senegal ha firmado y ratificado el Tratado sobre Prohibición de Minas. No obstante, y pese a las declaraciones oficiales en sentido contrario, el ejército senegalés sigue usando minas anti-personas, por ejemplo como "protección" en torno a sus campamentos militares. Tanto el ejército como los rebeldes han admitido extraoficialmente que colocan minas terrestres, y la mayoría sin dejar registro de su ubicación. La noche del 27 de febrero de 1998, unos miembros del Movimiento de las Fuerzas Democráticas de la Casamance atacaron la localidad de Kaguitt. Después de la operación, las fuerzas rebeldes se retiraron sembrando minas en torno a la localidad. Al día siguiente, una niña llamada Moussou Keba Djiba pisó sin darse cuenta un montón de tierra. La mina enterrada bajo su pie se detonó, cobrándose su vida. El mismo día, en el mismo lugar, otra mina le arrancó una pierna a un niño llamado Sane. Rafael de la Tierra Associació Amputats Sant Jordi C/ Cuba 2 despacho 2 - 08030 Barcelona Email->amputats_santjordi@hotmail.com Telf 93 345 39 05 - 620 32 48 39 |